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BIENVENIDO A CASA – LA VERDAD Y SU DOBLE

Soledad Pelayo (Laura) y Mariano Prince (Vicente) son “Los Bienvenidos”, con ese nombre los guardé en una carpeta del escritorio. Pero a decir verdad, son varias las cosas que tienen en común este dúo actoral, no sólo haber sido parte de la obra de teatro más emblemática de los últimos años: “Bienvenido a casa”
(2012-2013). También son egresados de la E.M.A.D. de diferentes generaciones, además de haber trabajado anteriormente con el Director Roberto Suárez.

Soledad es tallerista y Mariano trabaja vinculado al teatro, en diferentes áreas -técnica y  actoral-. Arrancamos hablando del mundo laboral y el vínculo con el teatro.

Soledad: Antes transcribía textos de un psicoanalista. Siempre en mi cabeza los trabajos se involucran con el teatro. Robo material del cotidiano. Necesito estar activa en mi cotidiano para nutrirme para la ficción que es lo que más me gusta. Ahora quiero trabajar en una inmobiliaria, por ejemplo.

¿En una inmobiliaria?

Soledad: Sí, es mi sueño. Para entrar en casas. Y robar… -Comportamiento para la creación- (Risas)
Mariano: El último trabajo que a mí se me ocurrió es ser limpiavidrios de un edificio.
Soledad: Ahí va’…
Mariano: Estoy a punto de anotarme, me parece una experiencia linda.

No pero pará pará: ¿Esto es posta?

Mariano: Posta, posta. Me parece una experiencia que debe ser fabulosa. Es que debe ser maravillosa.
Soledad: El vértigo. Mirar por las ventanas. De voyeur (risas).
Mariano: A full. (Risas).

Bueno… ¿Cómo apareció Bienvenido en sus vidas?

Soledad: A RobertoSuárez– lo conocí como alumna en su taller. Y ahí empezamos a caminar. Después conocí a los otros compañeros.
Mariano: Empecé a trabajar con Roberto en el postgrado de la Emad. – Que finalizó en la obra: La estrategia del comediante (2008)- Y estando en el proceso de la obra ya empezamos a hablar sobre este proyecto.
Soledad: Como que nos hemos ido encontrando. En noches, asados y demás, el enrosque de hablar de ideas y traer material. Partimos de la base de tres escenarios.
Mariano: El punto de partida de los tres escenarios, que eran tres días, era una idea que tenía Roberto creo que desde El bosque de Sasha -Espectáculo del año 2000- para jugar con la subjetividad del espectador. Lo que yo estoy viendo desde un lugar, lo veo desde otro lugar y todos los significados que había obtenido de esa historia, pasan a tener otro significado. Se juega mucho con el misterio, que había en el episodio 1, de eso que no se veía y que estaba pasando en otro lugar, el espectador se hacía su historia, se imaginaría cosas. Y cuando lo veía, eso que había creído se resignificaba.
Soledad: También jugábamos con un cuarto espacio, que el ser humano se arma. Entonces jugábamos con hasta que punto qué es qué. Cuál es la realidad.
Mariano: El por qué del atrás del teatro, surgió de Roberto estando tras bambalinas en una obra anterior, viendo lo que pasaba, le parecían más interesantes los actores afuera que en escena. Las cosas que pasaban, las conexiones que habían, se rompía algo había que arreglarlo, etc. Le era más interesante a él como espectador eso, que lo que se le mostraba al público.
Soledad: En La estrategia del Comediante que éramos varios que estábamos atrás, era muy divertido trabajar atrás e ir corriendo las cosas.

¿En un momento se fantaseó con la idea que Roberto estuviera formando parte?

Mariano: Sí, cuando íbamos a hacer tres episodios. Iba a hacer una aparición. No en concreto, sino en sombras (risas) pero después se descartó.

¿Y qué los hace a ustedes como actores conectar con un proyecto así?

Soledad: Es el devenir de cada uno. Son intereses. Jamás hubo una propuesta de “vamos a hacer esto y llevaría tanto tiempo”. Es una cuestión de afinidad, de emociones compartidas y visiones compartidas. En realidad nosotros no sabíamos cuánto iba a llevar.
Mariano: Podía haber salido en seis meses, capaz que estaba pronto y podíamos mostrarlo. No es en el punto de partida dijimos: “vamos a trabajar dos años porque somos enfermos y queremos trabajar dos años.” Cuando está pronto está pronto.

Eso se dio y lo respetaron.

Soledad: Es que lo necesitábamos nosotros. Porque nosotros vamos escribiendo entre todos. Y no escribiendo “Papel lápiz” (mímica), si no la escritura dramática total, estética, de propuestas. “Hay un asado en mi casa les propongo ver Bergman”. Y bueno… Mariano que propone ver Bergman y ChiaraFourcade– que propone ver Lynch, yo que sé…

Bueno… Los equipos son un temón en el teatro, y tiene que haber un buen equipo para que la cosa funcione.

Mariano: En este equipo hubo mucha gente que fue y vino. Y otra se fue.
Soledad: Y hay pila de gente que labura permanentemente también, Cecilia Bello, Pancho, Pablo, Sebastián Santana. Que están siempre nutriendo.

Tirando estímulos para la creación

Mariano: Claro, o estando. Por ejemplo el título de la obra Bienvenido a casa lo puso  el que hizo los dibujos del programa, Sebastián Santana. Que cayó con cosas y en una decía “Bienvenido a casa”.
Soledad: Dijimos “¡Ah!”
Mariano: ¡Pusiste el título! (Recreando ese momento). Teníamos una lista de 40 títulos y no nos convencía ninguno.
Soledad: “¡Llegaste al nombre!” Y Llegó él al nombre.  Y ta’… (Risas).
Mariano: Y así pasa con todo. Manuel Gianoni que es el fotógrafo, justo iba y sacaba fotos y de repente se veía una presencia atrás y decíamos “¡Pa’ qué bueno! Esto tenemos que reproducirlo en algún momento de la obra”. Y así con millones de cosas.

Trabajar desde una comunicación y creación horizontal, donde todos están abiertos a ser modificados y nutridos por el otro. En un esquema así: ¿Cómo hacer para que no les gane el caos y naufragar?

Mariano: Es que a veces gana el caos, pero también es necesario. Hay una rotación natural como en cada grupo.
Soledad: Naturalmente nosotros rotamos los roles.
Mariano: De repente uno se pone el equipo al hombro y no es por decir “hay que hacer esto” si no que esa persona va y hace y hace. Y eso es lo que hace que se ordene la cosa, o encuentra un camino que hace que el resto diga “Uh, mirá por dónde era”.

Ahora, esto que estamos hablando: ¿no les parece que tiene cierta particularidad? Porque hablar lo hablamos todos, pero en los hechos pocas veces se logra concretar que un grupo trabaje desde ahí.

Mariano: Creo que en ese caso no es una virtud sólo del equipo si no en particular de Roberto, que es un motivador nato. Estás sentado al lado de él y te dan ganas de hacer cosas, por más que no haga nada, le sale. Y es un gran visionario y un manejador de la psicología de cada uno. Eso está clarísimo. Te va sabiendo llevar: “Bueno a este lo dejamos quieto y a este otro…”
Soledad: Tiene un manejo de grupo. Y es innato, es natural en él.
Mariano: Y no es que él lo piense o sea una cosa maquiavélica sino que a él le sale.
Soledad: Escucha pila al otro. Es sano, sano. Súper generoso, te sabe llevar por lugares lindos. A él le sale, es así.

(Diario de viaje. En el 2013 “Bienvenido a casa” realizó giras por Latinoamérica y Europa.)

Mariano: En los viajes, cada país tiene su toque distinto. No sólo actoralmente o en la forma de comunicarnos entre nosotros y con el público, sino los  colores de la escenografía, los espacios mutan un poco. Todo cambia y todo tiene que ver con el lugar donde vamos.
Soledad: En Colombia por ejemplo el color de las luces era mucho más fuerte. Los azules son azules. Los colores de la vegetación son mucho más vivos y en todo se traduce. Y ahí la actuación naturalmente baja un poquito, pero pasa sin querer sin pensarlo.
Mariano: En toda la peripecia que hicimos en España, durante un mes y pico, nos volvimos casi explícitos en todo. Con el cuerpo explicábamos todo. No fue una cosa consciente. Después de cada función ensayábamos para el otro día y nos colocábamos en ellos y veíamos qué teníamos que modificar para que llegara lo que estábamos contando. Muy influenciados por los espacios, que eran muy distintos, eran teatros enormes que nosotros los reducíamos pero igual.
Soledad: Las distancias cambiaban y la comunicación es distinta. Algo que siempre trabajamos fue la comunicación con el espectador.

¿Cómo los modificó Bienvenido a ustedes como actores?

Soledad: A mí me pasa que yo no me considero actriz. (Risas).

Bueno, pero actúas.

Soledad: Ah, actúo, actúo sí y me encanta el rol. Para mí el teatro es algo que a mí me emociona. Es lo que está más vivo. Todo el mundo del teatro me emociona. La ficción de estar creando un mundo imaginario que a su vez es tan real como el de mis sueños. Verme como actriz no, necesito el teatro para sentirme viva. Es como una búsqueda mía.
Mariano: Pensaba, haciendo memoria, que viene siendo un proceso desde antes. Desde que egresé de la Emad enseguida nos pusimos a hacer el postgrado y en ese momento fue como… Una cosa “Bua’…” Y dije: “¡Es por acá!”. Creo que lo que más me modificó, que ya tenía la Semillita de exámenes de la Emad o antes incluso trabajando en San José que me vinculaba y me metía a hacer las luces, el sonido o a pintar, fue encontrarme con que no hay nada y que tenemos que construir todo. Entrar a una casa que está destruída y tenemos que tirar paredes, levantar, revocar, pintar, fue como decir: “¡Ah bueno!”. En la EstrategiaLa Estrategia del Comediante– a mí se me fue la moto, debo reconocer. Me fui a vivir a la Casona del Prado, estaba 15 días viviendo ahí, no hacía otra cosa, renuncié a mi trabajo, y decía “No puedo hacer más nada que esto”. Para mí fue un descubrimiento maravilloso ver el teatro en su totalidad, en todo. Entender que cada cosita hace que todo funcione y entenderlo de verdad.

(Los sueños y la cruel realidad).

Soledad: Para mí desde algún lugar, el teatro no es tan importante. Yo lo necesito para mí. Esto que a mí me pasa lo encontré en el teatro, podría haberlo encontrado en otro lado. Es algo que a mí me interesa.
Mariano: Y también hay una contradicción en esto. Porque el teatro pasa a ser una forma de vida. La obra que estoy ensayando pasa a ser el centro de mi vida, pero a su vez sé que es un juego y que estamos chiveando y que no vamos a cambiar nada. Y capaz que a alguno lo tocamos.
Soledad: Además el teatro, sólo existe con el espectador. A diferencia de otras manifestaciones expresivas. El teatro sólo puede concebirse a partir del espectador.

¿Reflexionan desde dónde actúan? ¿Son autocríticos con su trabajo?

Mariano: Hay etapas, dentro de cada obra hay distintos momentos. Trato de que primero sea un momento de “haber qué pasa” no pensar nada y después sí que hay un momento de reflexión y ver qué elementos pueden servir para cada cosa. En este momento es fundamental confiar en la visión de afuera y no poner “peros”. Después hay otra etapa de juego. Y al estrenar hay que volver a regular.
Soledad: Yo soy un poco obsesiva, y hemos pasado por varias etapas. Es lógico en un proceso largo. Entrar en crisis existenciales, te entrás a pelear más, con un íntimo amigo por ahí. No hemos obsesionado más con la historia que con el personaje.
Mariano: Y a veces sí se te va un poco la moto, lamentablemente. (Risas).

¿Algo particular de tu proceso?

Mariano: En una época me había comprado un par de lentes sol y una lapicera con cámara, pero nadie sabía. Iba a los ensayos con los lentes y la lapicera, filmaba todos los ensayos y dejaba los lentes por ahí
Soledad: Me prestaba a mí la lapicera.
Mariano: Ella se reunía con Chiara a escribir y después veía todo. Por ejemplo había una escena genial, que era Yamandú con mis lentes que había empezado a usar para el personaje. Se encerró a ensayar solo frente al espejo con los lentes puestos. ¡No sabés lo que era! Y podrás creer que se me rompieron los lentes, se me rompió la lapicera y el disco duro donde tenía todas las filmaciones.
Soledad: El proceso fue muy divertido. (Risas).

Pero hay que ser creativo también.

Mariano: No sé si es de creativo, es que estábamos chiveando entre nosotros.
Soledad: Tiene algo de la picardía del niño chico, no tenemos un método de (con voz solemne) “La actuación…” No. Se ve que somos así. Ni hablamos de teoría, no tenemos ni idea.

(El futuro…)

Soledad está empezando a trabajar en un proyecto de Sergio Blanco. Mariano viene investigando sobre autómatas junto a Roberto Suárez.

Por Domingo Milesi

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